» Login » Registrarse | Contacto
Curiosidad NaturalLanzamientoAtadoTécnicas y más+ Green+ Green
Vea el horario de esta semana
Patagonia Fly Fishing
Sage
Rio
Ray-Ban
Maxi Mancini Moscas

Pescar con amigos

Un verano me encontré pescando en el Río Manso. Me acuerdo de ir bordeando el río y de cruzarme con un mosquero que ya estaba volviendo, al que le pregunté cómo le había ido. Me dijo que había perdido una marrón grande y que la había clavado con una Prince, pasando la mosca cerca del fondo del río.

Más tarde, llegué a una zona donde había unos pools muy grandes bordeados por terrazas de piedra, con muy poca agua, que invitaban a vadear cómodamente. Bajé a ese lugar y até una Prince a la línea de hundimiento.

Tiraba la línea, dejaba que tome profundidad y luego comenzaba a traerla lentamente pegada al fondo y a los paredones de roca. A medida que pasó el tiempo, fui variando de lugares y de moscas pero lo único que no cambió fue el pique. No tuve ninguno. Sin encontrar la razón, me convencí de que ese día estaba concluido y empecé a juntar la línea. Despreocupado, junté con el reel hasta que la mosca estuvo a unos metros de mí. Estaba parado en esas terrazas en las que el agua me llegaba a los tobillos cuando moví la caña y la mosca se acercó, patinando por el borde de roca, hasta mis pies. Fue entonces cuando apareció una trucha marrón nadando a toda velocidad para pasar entre mis piernas persiguiendo la ninfa. No llegó a atrapar la mosca y volvió con el mismo apuro a la profundidad de donde provenía.

Los bordes, como recalcaba con énfasis Mel Krieger, son esos ambientes que tienen grandes piedras o troncos que actúan como un resguardo para los salmónidos, refugiándolos de las aves y proveyéndolos de alimento. La marrón del Manso estaba, probablemente, prestando atención a lo que sucedía en la superficie, lista para atacar (a un insecto terrestre por ejemplo) y volver a su guarida.

El comportamiento de esa trucha no fue extraño. Más extraño debería parecernos el hecho de llegar a un río y poner una mosca sin detenernos a observar el ambiente y el agua. Y esto es lo bueno de los lugares que nos parecen imposibles. Nos obligan a sentarnos a la vera del río para prestar atención; también a pensar más, a leer más y a superarnos como pescadores con mosca para poder así merecernos una de esas truchas que no nos acompañaron en las fotos.

Claro que para que esas mismas truchas estén esperándonos otro verano, deberemos confiar en que todos sigamos practicando la pesca y devolución.

Patricio Mac AllisterPatricio Mac Allister

 

 

 

Volver a Sin Fronteras